El Beato Romero para el Año de la Misericordia

 
En la carta que el Papa Francisco envió a la Arquidiócesis de San Salvador para la beatificación de Monseñor Óscar Romero, Francisco presentó a Romero como un modelo de la misericordia, diciendo que el mártir salvadoreño “construyó la paz con la fuerza del amor”—citando las propias palabras de Romero. “A esto es a lo que está llamada hoy la Iglesia en El Salvador, en América y en el mundo entero: a ser rica en misericordia, a convertirse en levadura de reconciliación para la sociedad”.
 
La presentación por Francisco de Romero como “rico en misericordia” (Ef 2, 4) y las enseñanzas de Monseñor Romero sobre el tema de la misericordia nos llevan a proponer al Beato Romero para el Año Santo de la Misericordia declarado por el Papa Francisco. En su carta sobre Romero, Francisco destacó las acciones tomadas por el Beato Romero que reflejan la virtud de la misericordia. “En tiempos de difícil convivencia”, dijo el Pontífice, “Monseñor Romero supo guiar, defender y proteger a su rebaño, permaneciendo fiel al Evangelio y en comunión con toda la Iglesia”. Señaló que “Su ministerio se distinguió por una particular atención a los más pobres y marginados. Y en el momento de su muerte, mientras celebraba el Santo Sacrificio del amor y de la reconciliación, recibió la gracia de identificarse plenamente con Aquel que dio la vida por sus ovejas”.

 

Francisco nos dice que los obispos deben “seguir” al Buen Pastor “a imitación de Jesús que, despojándose de sí mismo, nos ha salvado con su misericordia”. En su carta, Francisco declara que Romero alcanza este alto nivel de discipulado. El Papa llama a la mártir salvadoreño, “un Obispo celoso que, amando a Dios y sirviendo a los hermanos, se convirtió en imagen de Cristo Buen Pastor”.  Romero emula el Buen Pastor, que “siendo rico se hizo pobre" (2 Corintios 8, 9). Renuncia a todas las expectativas de seguridad y comodidad para acompañar a su pueblo. Romero modela el Buen Pastor, que siendo impecable, se humilla al aceptar la muerte de un criminal para salvarnos (Filipenses 2, 8). Él acepta el peligro, la violencia, la crítica, la reprensión y la burla. La Iglesia salvadoreña, al beatificarlo, lo definió un “Mártir por Amor”.

 

El Beato Oscar Romero fue un Mártir de la Misericordia, que es apto para enseñarnos mucho acerca de la Misericordia en este Año Santo jubilar dedicado al tema de la Misericordia. Además de modelar la misericordia al “identificarse plenamente con Aquel que dio la vida por sus ovejas” el Beato Romero también predicó con maestría sobre la misericordia. Su predicación es notable porque presenta el panorama completo de la misericordia: no sólo el perdón, sino también los elementos más difíciles de la denuncia y el llamado a la conversión. En su homilía de beatificación, el Card. Angelo Amato aplica a Romero las palabras de San Agustín: “predicar, amonestar, corregir, edificar, entregarse a todos es un gran peso, una grave responsabilidad.  Una dura tarea”. El mismo Romero lo reconoció: “A nadie le cuesta tanto decir las maldades de su propio pueblo”, decía, “como a mí hermanos, que tengo el deber pastoral de señalar, qué es pecado y qué no debe reinar, por dónde hay que caminar: La conversión, la fe, la misericordia”. (Homilía del 11 de junio de 1978.)

 

Así pues predicó:

 

¿Qué es la misericordia? Misericordia es la expresión más acabada del amor. El amor que se entrega, que es lástima, que es perdón, que es comprensión, que es justicia, que es entenderse con todos. Misericordia quiere decir, no el orgullo de los fariseos que desprecian a los marginados, sino la acogida del Dios que siendo riquísimo ha venido a buscar a los pobres; a quienes no quieren sentarse a comer con ellos. Misericordia es la bondad expresada en hechos, no en palabras. Misericordia... cada uno de ustedes lo comprende mejor, porque todos creo que hemos tenido algún pequeño acto de misericordia para otros, y sobre todo, hemos sido objeto de misericordia: Si Dios no nos hubiera tenido misericordia cuando caímos en tantas culpas, dónde estuviéramos. Si Dios no tuviera misericordia de perdonamos antes de morir, adónde iríamos.  Y tal vez en la relación humana, hemos tenido muchos gestos de misericordia dados por nosotros, o recibidos también por nosotros. Dichoso aquél que puede contar en su vida muchos actos de misericordia. ¡Eso es lo que quiere Dios!

 

La misión de la Iglesia es proclamar las maravillas de la misericordia de Dios. Esta es su primera misión. Pero junto a esa va otra: Llamar a los hombres a la fe, a la conversión y a la misericordia. Y en tercer lugar, denunciar todo pecado que vaya contra esa relación con Dios; contra esa fe; contra esa verdad; contra esa misericordia; contra todo aquello que nos aparta de disponemos para que Dios venga.

 

(Id.)  De hecho, la predicación del Beato Óscar Romero camina a la par con el mensaje que Francisco quiere darnos para este Año Santo de la Misericordia:

 

Papa Francisco
Beato Óscar Romero
La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes”.
La misión de la Iglesia es proclamar las maravillas de la misericordia de Dios. Esta es su primera misión”.
-Homilía del 11 de junio de 1978.

 

La Misericordia y la Justicia …

 

La misericordia no es contraria a la justicia sino que expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer”.
-M.V., 21
La justicia de Dios es imparcial trátese de papas, de reyes o de humildes cristianos. Y al pueblo de Dios le toca implorar la misericordia del Señor, porque nadie se salva por sus méritos ... sino porque apoya su humildad en la misericordia infinita y en los infinitos méritos de Nuestro Señor Jesucristo”.
Por una parte, la tentación de pretender siempre y solamente la justicia ha hecho olvidar que ella es el primer paso, necesario e indispensable; la Iglesia no obstante necesita ir más lejos para alcanzar una meta más alta y más significativa”.
-M.V., 10
Es necesario juzgar, a ser posible, con la mente del Señor, el cual más que justicia, usa misericordia”.

 

Un signo de la omnipotencia de Dios …

 

La misericordia divina no sea en absoluto un signo de debilidad, sino más bien la cualidad de la omnipotencia de Dios”.
-M.V., 6
El poder en los débiles se convierte en crueldad. Es un complejo de inferioridad llevado a la grosería. Dios no tiene complejos de inferioridad. Dios es soberano. Dios lo puede todo y por eso hasta sus reos, sus pecadores, los juzga con bondad y con misericordia, pero este Dios justo y misericordioso también sanciona, porque la misericordia no es debilidad”.

 

El Ecumenismo de la Misericordia …

 

La misericordia posee un valor que sobrepasa los confines de la Iglesia … Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas”.
-M.V., 23
Será la sorpresa tremenda, hermanos, de que muchos buenos samaritanos, aún sin tener fe en Cristo, aun sin llamarse católicos y persiguiendo a la Iglesia, se encontrarán en aquel juicio final que se salvarán; mientras que muchos cristianos serán echados afuera, porque no cumplieron con esta ley del amor, de la misericordia”.

 

El Kairós de la Misericordia …

 

Es el tiempo de retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos”.
-M.V., 10
La Iglesia debe ser “una casa de la misericordia del Señor, donde los pecadores no encuentren el reproche, la excomunión, la dureza; sino la acogida, el abrazo de Nuestro Señor que los llama para el perdón”.
Es bello que la oración cotidiana de la Iglesia inicie con estas palabras: «Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme» (Sal 70,2)”.
-M.V., 14
Que no decaigan de nuestro corazón y de nuestros labios la oración, levantar el corazón a Dios, pedirle favores, darle gracias, pedir misericordia”.

 

El Beato Romero predicó una lección final, magistral sobre la misericordia que sintetiza todo lo descrito anteriormente. En su último sermón del domingo el día antes de ser martirizado, el Beato Romero predicó sobre el relato del Evangelio de Cristo y la mujer adúltera (Juan 8: 1-11). “No encuentro una figura más hermosa de Jesús salvando la dignidad humana que este Jesús que no tiene pecado frente a frente con una adúltera, humillada porque ha sido sorprendida en adulterio”, predica Romero. (Homilía del 23 de marzo de 1980) “La actitud de Jesús”, señala Romero ser, “Fortaleza pero ternura”— rechaza el pecado pero salva el pecador.
 
A pesar de la pecaminosidad de la mujer, Cristo ve que “convertirla es mucho mejor que apedrearla. Perdonarla y salvarla es mucho mejor que condenarla. La ley tiene que ser un servicio a la dignidad humana y no los falsos legalismos con los cuales se pisotea la honradez, muchas veces, de las personas”, analiza Romero. Inspirado por esta lección, Romero pasa a abogar a favor de los campesinos, “cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos”, para que la ley no se aplicara con arbitrariedad y dureza en El Salvador, pero que el ejército “cese la represión” de civiles, aun si es necesario desobedecer órdenes para hacerlo. Romero sabía que decir esto lo pondría en grave peligro, pero se inspiró a hacer este llamado desde el mensaje del Evangelio. Como consecuencia de este acto final de misericordia, al día siguiente el Beato Óscar Romero fue martirizado.
 
Por sus denuncias cristianas y llamados al arrepentimiento, por su fiel predicación de la misericordia, y por su emulación desinteresada del Buen Pastor que guía y protege a su rebaño con su propia vida, proponemos al Beato Óscar Romero para el Año Santo de la Misericordia. “Quienes tengan a Monseñor Romero como amigo en la fe”, dice Francisco en su carta de beatificación de Romero, “quienes lo invoquen como protector e intercesor, quienes admiren su figura, encuentren en él fuerza y ánimo para construir el Reino de Dios, para comprometerse por un orden social más equitativo y digno”, erigido sobre la misericordia.

 

Publicado por: Super Martirio
En la Fiesta de San Juan Pablo II, el Papa de la Divina Misericordia.