Palabras del Obispo Presidente de Misiones

Queridos hermanos y hermanas:

Octubre es el mes de la misiones, esto no significa que solo en octubre debemos misionar, sino, el mes en que hacemos énfasis en las misiones, mostrando su importancia en la vida de la Iglesia y de cada católico. Y  en la obra de la misión, las Obras Misionales Pontificias son un gran instrumento para realizarla.

Para hacer énfasis en lo anterior retomo parte del mensaje de Su Santidad El Papa Francisco para el DOMUND 2017, que titula: “La misión y el poder transformador del Evangelio de Cristo, Camino, Verdad y Vida”

Nos dice el Papa: Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. 

A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero.

Para este año el santo Padre, nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?

Nos da la respuesta en el mismo mensaje:
La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6). 

Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7

El Papa nos aclara que la misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. 

Y porque  el mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. 

Que todos y cada uno participemos de la obra misionera de la Iglesia aportando la parte que nos corresponde según nuestras condiciones. Que María Madre de la evangelización interceda por nosotros para que realicemos el trabajo que su Hijo nos encomendó.

Con mi bendición.

+ MONS. WILLIAM ERNESTO IRAHETA RIVERA
Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones , El Salvador