Consignas

Las consignas de la infancia y adolescencia misionera son  cinco que invitan a los niños, niñas y adolescente  a sumir un compromiso de vida misionera, desde que ingresan a la obra y de manera especial desde que hacen la  consagración.

La  espiritualidad cristiana con dimensión apostólica y misionera se les recuerda a los niños, niñas y adolescente  con estas consignas.

1ª. CONSIGNA: Conozcamos al Señor.

Para poder  amar a Dios  es necesario  establecer una profunda amistad con Él, que solo se logra conociéndolo todo los días a través  de su mensaje de amor: su palabra y siendo sus amigos. Conocer al señor se logra con las enseñanzas brindadas por los padres de  familia, los educadores, los  encuentros semanales  de grupo y las celebraciones litúrgicas. Todo niño  debe aprender a estar con él, a vivir con él y ofrecer sacrificios por amor a él.

2da. CONSIGNA: Oremos.

La oración nos recuerda que la evangelización de los pueblos es sobre todo obra de Dios, una obra que él desea realizar en la historia, con nuestra participación activa en la historia, con nuestra participación activa en  la iglesia.

Jesús  dijo a los Apóstoles: “Donde hay dos ó más reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt  18,20). Por eso, en los encuentros de grupo nunca faltan los momentos de oración, pidiendo especialmente por los niños no cristianos del mundo entero.

Para que el anuncio de la palabra resulte eficaz por medio de la gracia Divina es necesario acompañar y sostener a los misioneros con la  oración. (RM 78).

En la oración encontramos la fuerza para nuestra misión. Por eso, todo niño misionero ora todos los días por las misiones y se hace contemplativo en la acción.

3ra.CONSIGNA: Sacrifiquémonos.

Cuando queremos a alguien le ofrecemos un regalo en manifestación de ese amor. El regalo que Jesús ofreció a su Padre fue su propia vida. En todo momento, hizo la voluntad de su Padre, fue obediente hasta la muerte de cruz. Así, Jesús nos enseña que el mejor regalo que podemos dar a Dios es la consagración de nuestra vida, aceptando y ofreciendo los sufrimientos que se nos presenta por el bien de la misión universal.

También el niño misionero ofrece su vida  por las misiones y se sacrifica para dar su ofrenda para las misiones.

4ta. CONSIGNA: Comulgemos.

Para poder vivir y tener buena salud es necesario alimentarnos. También la vida espiritual es necesario fortalecerla, alimentarla y,  ¿Qué mejor alimento que el mismo Cuerpo de Cristo?

“En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no viven de verdad” (Jn.6,53; “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él” (Jn, 6,56), Cristo Resucitado se hace para nosotros alimento de vida. Es necesario prepararnos debidamente, con fe, humildad y con fervor para recibirlo.

Este alimento nos ayuda a cumplir nuestros deberes con Dios y con el prójimo. El niño, niñas   y el adolescente misionero recibe a Jesús frecuentemente en la Eucaristía  y en los demás sacramentos, fortaleciéndose para cumplir su propia misión.

5ta. CONSIGNA: Seamos Misioneros con y como Jesús.             

 El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de la misión. Cristo es el modelo del testimonio cristiano.

El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros, cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías. Así, la vida misma del misionero es la primera forma de testimonio. La humildad, la sencillez, la solidaridad, la fraternidad y la comprensión deben hacerse visibles siempre en nuestro trato con todas las personas, en todos los ambientes.

El niño misionera hace amigos para Jesús, siendo misionero con su testimonio de vida y compartiendo la fe con otros hermanos.

Jesús nos ha enviado y nosotros vamos con El, somos sus misioneros.

“Todos en la Iglesia, esforzándose por imitar al divino Maestro, pueden y deben dar ese testimonio, que en muchos casos es el único modo posible de ser misioneros” (RM 42).