Viernes Santo

El Viernes Santo es un día de duelo, el mayor de todos. Cristo muere. El dominio de la muerte, consecuencia del pecado, sobre todas nuestras vidas humanas alcanza incluso al jefe de la humanidad, el Hijo de Dios hecho hombre.

Pero, como todos los cristianos saben, esta muerte que Jesús ha compartido con nosotros y que fue tan atroz para él, respondía a los designios de Dios sobre la salvación del mundo y aceptada por el Hijo para nuestra redención. Desde entonces la cruz de Cristo es la gloria de los cristianos. "Para nosotros toda nuestra gloria está en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" y,  hoy,  lo repite la Iglesia y presenta la misma cruz para nuestra adoración: "He aquí el madero de la cruz, del cual pendió la salvación del mundo". Por ello, el Viernes Santo es al mismo tiempo que un día de luto, el día que ha devuelto la esperanza a los hombres; él nos lleva a la alegría de la resurrección.

La acción litúrgica con que la Iglesia celebra, por la tarde, la redención del mundo, debería ser amada de todos los cristianos. En este día, el recuerdo solemne de la Pasión, las grandes oraciones en que la Iglesia ora confiada por la salvación de todos los hombres, la adoración de la cruz y el canto de los improperios son algo más que ritos emocionantes; es la oración y el hacinamiento de gracias de los rescatados que, en comunidad, adquieren conciencia ante Dios de todo lo que el misterio de la cruz representa para ellos.

Improperios I.  

 ¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? 
¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

¡Porque te saqué de la tierra de Egipto, preparaste una cruz a tu Salvador! 

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R.  Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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Porque te llevé cuarenta años por el desierto, te alimenté con el maná, y te introduje en tierra muy buena, preparaste una cruz a tu Salvador. 

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R. Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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¿Que más debí hacer por t, que no hiciese? Yo te planté viña mía preciosísima: ¡y tú me has salido tan amarga! Pues en mi sed me diste a beber vinagre, y ¡con la lanza abriste el costado de tu Salvador! 

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R.  Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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Improperios II.   

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

Por tí azoté a Egipto y a sus primogénitos;  ¡ y tú me azotaste y me entregaste!  

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R.  Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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Yo te saqué de Egipto, sumiendo a Faraón en el mar Rojo; y ¡tú me entregaste a los Príncipes de los Sacerdotes!   

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R.  Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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Yo abrí el mar delante de ti; tú con la lanza abriste mi costado.

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R.  Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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Yo te guiaba con una columna de nubes; tú me guiaste al pretorio de Pilato.

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R.  Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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Yo te sustenté con maná en el desierto; tú me abofeteaste y me azotaste.

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R.  Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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Yo te dí a beber el agua salvadora, que brotó de la peña; tú me diste a beber vinagre y hiel.  

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R.  Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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Por tí herí a los reyes cananeos; tú me heriste la cabeza con la caña.

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R.  Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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Yo te dí el cetro real; tú me pusiste una corona de espinas.

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R.  Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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Yo te levanté con gran poder; tú me colgaste del patíbulo de la cruz.

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!

R. Santo Dios. Santo Fuerte. Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros.

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 Fidelis.

¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!

Fuente  http://www.ewtn.com