Decálogo

“DECÁLOGO DE SAN PABLO A LOS ENFERMOS”

  • Los sufrimientos de ahora no son nada en comparación con la gloria que ha de manifestarse en nosotros (Rom. 8,18). El sufrimiento n es el fin de tu caminar por esta baja tierra. Tu sufrimiento con amor será el precio de tu eterno gozar. Jesús, sufriendo y muriendo en la Cruz, ganó el cielo para todos. Por tu sufrimiento, unido a la pasión de Jesús, entrarás en el cielo. Por la enfermedad a la eternidad.
  • Me alegro de sufrir por ustedes: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo y muriendo en la Cruz, redimió al mundo. Tú sufriendo con amor, aplicas hoy dicha redención, la completas y te constituyes en el gran apóstol del Reino de Dios.
  • Vivo contento en medio de mis debilidades, de las persecuciones y de las dificultades sufridas por Cristo (2 Cor. 12, 10). La alegría es el distintivo de todo enfermo cristiano. Si has aceptado amorosamente tu enfermedad, no tendrás otro deber diario que brindar alegría a cuantos te rodeen. Será entonces cuando los evangelizarás y los ayudarás a vivir la gratitud y la entrega, sin pedir nada a cambio.
  • Si la tienda de nuestra mansión terrena se destruye, tenemos una casa sólida de Dios, no hecha por el hombre, eterna en los cielos (2 Cor. 5, 1|). Ya sabes, así lo proclamamos en las misas de difuntos: la vida de los que hemos apostado por Dios “no termina, sino que se transforma; al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”

(Prefacio de difuntos).

  • Es doctrina segura: si padecemos con él, también con él viviremos. Si sufrimos con él reinaremos con él (Tim. 2, 11-12). El sufrimiento de Cristo no terminó en el Calvario, sino en la gloria. Fue la doctrina que expuso a los Discípulos que iban camino Meaux:

“¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” (Lc. 24,26).

  • Jesucristo transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso (Flp. 3,21). Tú sigues a Cristo. Tú eres discípulo de Cristo. Por lo mismo, su suerte será tu suerte. Tú también resucitarás como Jesús y entrarás en la gloria. Por eso, “él transformará tu cuerpo humilde a imagen y semejanza de su cuerpo glorioso”.
  • Porque a ustedes se les ha concedido la gracia de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él (Flp. 1, 29). Pablo dice que tus sufrimientos continúan la pasión de Cristo en el tiempo y que aplican ahora y a esta sociedad la redención (Col. 1, 24). Y esto es ciertamente una gracia maravillosa de la que debes estar contento.
  • Todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecuciones (2 Tim. 3, 12). La santidad consiste en amar mucho. Y el medio principal para conseguir el amor es el sufrimiento bien llevado: “No hay mejor madera para encender y conservar el amor de Dios que la de la Cruz” (San Ignacio de Loyola).
  • El Dios de todo consuelo, nos consuela en todos nuestros sufrimientos para que nosotros podamos consolar a todos los que sufren (2 Cor. 1, 3-4). Es uno de tus deberes: consolar a los que sufren a tu alrededor. Pero, como nadie da lo que no tiene, necesitas primeramente ser consolado por tu Padre Dios, para después poder consolar y animar.
  • Lo plebeyo del mundo, el desecho, lo que no es nada, lo eligió Dios para anular lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante Dios (1 Cor. 1, 28-29). Dios elige tu enfermedad, tu sufrimiento con amor para poder realizar su providencial plan de salvación: Aplicar hoy y a esta sociedad la redención hecha por su Hijo, Jesús, ¡Es la gran obra de Dios! ¡Es tu gran apostolado!