Naturaleza y Objetivos

Si se fija la atención en los objetivos que, desde sus orígenes, ha tenido la Pontificia Unión Misional, y se atiende, además, a su evolución a través de la historia, resulta fácil el descubrir su identidad y plasmarla en una definición descriptiva. La Pontificia Unión Misional, como se ha visto en sus rasgos históricos, fue fundada para la animación y formación misionera de los sacerdotes, primeros animadores misioneros, juntamente con los Obispos, del Pueblo de Dios. Abre, más tarde, la proyección de sus objetivos hacia las congregaciones religiosas y, en la actualidad, según se desprende de los Estatutos fechados en 1980, tiende también a la formación misionera de todos aquellos que, de alguna manera, participan en la formación y animación misioneras de las comunidades cristianas.

En consecuencia, y con el pensamiento y las palabras de Pablo VI en la ya citada carta "Graves et increscentes" dirigida en 1966 a la Pontificia Unión Misional, ésta "no es... una nueva obra para la recolección de limosnas, sino que es la escuela natural de formación del espíritu cristiano en el sentido social del bautismo y, además, ayuda y completa la actividad de las Obras Misionales que, a su vez, sean escuelas de formación cristiana y misionera; por último se emplea activamente en que las mismas Obras Misionales Pontificias sean conocidas por doquier, sean ayudadas en sus iniciativas y en sus fines y sean instituidas y promovidas en toda parroquia" (Gel 22).

Cabe resaltar un matiz que, lejos de confundirla con las restantes Obras Misionales Pontificias, constituye, más bien, lo más específico de esta Obra: su intensa dimensión de comunión tanto con las demás obras, cuyo conocimiento y vitalidad pretende y apoya por la formación y animación misioneras de los agentes de pastoral, como con toda la Iglesia misionera, universal y particular, empeñada ardientemente en la evangelización de todos los pueblos. De este modo, la Pontificia Unión Misional realiza el cometido que se le ha confiado: "Mantener viva la tensión de toda la Iglesia hacia la Misión" (Juan Pablo II -Homilía en el 75 aniversario de la PUM- 1990).

Objetivos:

Sin duda alguna, la mejor formulación de los objetivos que tiene la Pontificia Unión Misional queda muy bien recogida en los Estatutos actuales de las Obras Misionales Pontificias, copiados literalmente a continuación:

·  El objetivo de la Pontificia Unión Misional es la formación y la información misionera de los sacerdotes, de los miembros de los institutos religiosos, de las sociedades de vida común, de los institutos seculares, de los candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada, así como de otras personas comprometidas en el ministerio pastoral de la Iglesia. En resumen, la Unión se dirige a todos los que están llamados a animar al Pueblo de Dios.

·  Para esta información y sensibilización misionera, la unión ha de utilizar métodos adecuados, bien sea sirviéndose de medios propios, bien pidiendo la colaboración de las instituciones y las iniciativas ya existentes que tienen como fin la formación primaria y permanente de quienes se ha habla en el artículo precedente. La Unión les ayudará a tomar conciencia de su responsabilidad respecto a la misión universal. De esta manera, se darán cuanta de su deber de promover y formar la conciencia misionera en el seno de las comunidades que les han sido confiadas. La unión les ayudará a encontrar los métodos pastorales más adecuados para las diversas circunstancias. Igualmente favorecerá los intercambios fraternos y los testimonios de solidaridad entre los que trabajan en el apostolado al servicio de la Iglesia en los diferentes continentes.

·  El éxito de las otras Obras Misionales Pontificias dependerá en gran parte de la vitalidad de la Pontificia Unión Misional ya que el cometido de desarrollar el espíritu misionero en las comunidades cristianas corresponde principalmente a aquéllos a quienes se dirige la Pontificia Unión Misional".

Si el criterio para medir la autenticidad cristiana de una comunidad es -como tantas veces ha repetido el Papa- la vivencia de su conciencia misionera; si su vida y pastoral ha de estar preñada por el anhelo de que Jesucristo llegue con su Buena Nueva a toda la humanidad; si ha de alcanzar en su mirada los vastos horizontes de la Evangelización universal y extender su amor sin límite geográfico alguno, sus agentes de pastoral precisarán de un constante acompañamiento en su formación tanto doctrinal como espiritual y en su quehacer animador.