En 1992, el Papa san Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo, a celebrarse cada 11 de febrero, fecha que coincide con la memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes, signo de consuelo y esperanza para los que sufren, y a quien la fe del pueblo cristiano reconoce como intercesora en innumerables testimonios de sanación y fortaleza espiritual.
Esta jornada invita a toda la Iglesia a renovar su cercanía con los enfermos, promoviendo una solidaridad que va más allá de la asistencia material, y que se expresa en la caridad cristiana, la escucha atenta, la oración y el acompañamiento fraterno, llevando consuelo, paz y esperanza a quienes viven la experiencia del dolor y la enfermedad.
En este contexto, la Unión de Enfermos Misioneros (UEM), como rama de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, congrega a hombres y mujeres, sin distinción, que responden generosamente a su vocación misionera.
Sus miembros ofrecen sus dolores, sufrimientos, limitaciones, trabajos y oraciones, uniéndolos al sacrificio redentor de Cristo, por las misiones, el aumento de las vocaciones y para que el mensaje de salvación de Jesucristo llegue hasta los confines del mundo.
En El Salvador, la UEM asume entre sus principales objetivos la animación y celebración de esta jornada, fortaleciendo la conciencia misionera del enfermo y su valiosa participación en la vida y misión de la Iglesia.
En el año 2026, la Iglesia celebra la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, bajo el lema:
“La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”, una invitación a reconocer en el enfermo el rostro sufriente de Cristo y a vivir una compasión activa que se traduzca en cercanía, servicio y amor auténtico.
